Ser comunista hoy en día

Mientras los dos grandes partidos mantienen la respiración a la espera del resultado de las votaciones de los emigrantes gallegos y sus legiones de abogados se pelean por las fechas, los sellos y demás problemas formales, el Partido Comunista ha celebrado su congreso en la más absoluta indiferencia para el resto de los mortales. No se me entienda mal, todo lo dicho hasta aquí lo ha sido sin otro ánimo que el meramente descriptivo. El congreso ha tenido más o menos la misma repercusión que la última bomba de los etarras, escasa. Sin embargo ha ocurrido y yo tengo noticias de él, o mejor, de sus resultados por medio de mis ex-compañeros de cruzada verdiroja, muchos de los cuales siguen queriendo volver al regazo paterno, pero con honor, o sin chufla, que daría lo mismo. Ha habido una reagrupación de todos los sectores contra Llamazares y es que las peleas contra el enemigo siempre empiezan en casa, matando al hermano. Otros se han ido y Anguita vuelve a la dirección para definir que significa ser comunista hoy. «Buen viaje para los guerreros
que son fieles a su pueblo
Y no tengo más que decir para no herir.


La vida tiende a desarrollarse de manera fatigosa. La muerte ni te cuento. Hoy en medio del aburrimiento, el fingimiento y la caló he tenido la suerte de contactar con mi amiga María que como hacía antes me ha dado compañía y charla. Mucho en estos momentos.


Escena para un final de película.
Un hombre está en el andén viendo como el tren, poco a poco, acelera y abandona la estación. No hay humo ni rechinar de hierro contra hierro, pues la escena se desarrolla en una moderna estación de ferrocarril y no como requeriría una ambientación ad hoc en una preciosa estación de principios del siglo XX bajo una cúpula de hierro y cristal. El hombre, no especialmente alto, no especialmente gordo, no especialmente nada, sonríe a alguien, seguramente una mujer, que viaja en un vagón de espaldas a la marcha. En la escena no se puede ver a la mujer pues el vidrio del cristal refleja de manera defensiva la imagen exterior, pero yo se que es hermosa y sobre todo que es atractiva.
Será porque se lo ha repetido muchas veces pero no es totalmente consciente de que este viaje es definitivo, de esta vez la cosa no tiene remedio y los kilómetros de vía que les han de separar en este caso son demasiados para permitirles el reencuentro.
Él sonríe y le mira con unos ojos grandes y alegres pero sabe con certeza que ese tren tiene destino al infinito. Unos segundo y el hombre ya solo ve la trasera del tren que en plena aceleración se aleja rápidamente, se empequeñece y se lleva el sonido como atado a su rebufo. Se vuelve, llora un instante y recompone su físico no especialmente nada por si fuera necesario aparentar cualquier cosa.