Calor, mucho calor

El ambiente general está caldeado. La manifestación de la derecha para que no se negocie con ETA ha puesto cachondo a más de uno, y es lógico, porque cuando se consigue movilizar a tantísima gente la sensación de poder que se tiene es grande. Lástima. La derecha no tiene práctica en esto de manifestarse, tiene práctica en los golpes de estado y en cosas así, pero en manifestaciones esta pez; por esa razón no saben que después del subidón de este finde viene la caida de comprobar que los resultados son magros y que quien tiene el poder raramente dobla la rodilla por una manifestación. Es igual. El jefe de la AVT ha prometido más manifestaciones si no se hace lo que el PP quiere. Tú mismo, pero ten cuidado que la experiencia es que a las siguientes cada vez va menos gente, por aquello de la inutilidad. Quedas avisado.

Por casualidad me encontré no hace mucho en la inspeción de trabajo a una rubia, de estas megapijas, que hablaba por teléfono con una amiga sobre lo divino y lo humano en tono megafónico y en un momento de la conversación hablaron de la mani. Como mi aspecto es el que es, ella empezó a poner énfasis en los insultos a ZP, en la insistencia en que iría a la manifestación y en demostrar que aunque rubia y megapija sus sentimientos más íntimos son el odio visceral a «todos los comemierdas de la izquierda» (sic). No sé. Es preocupante y lo hubiera sido más si yo en vez de hacer que estaba sordo como una tapia me hubiera encarado y la hubiera dicho cuatro cosas. Se las merecía, pero yo no estoy por la labor.


También ha hecho mucho calor del climatológico. Los comienzos del verano sociológico son siempre duros y los primeros calores nos hacen sospechar que no seremos capaces de aguantar lo que se viene encima. Luego aguantamos, ¡qué vamos a hacer! Yo ayer pasé un día de esos que se pueden calificar de horrorosos, por el calor, por ser domingo, por las circunstancias… Ahora pago la renta del mal trago en forma de suave depresión con tintes de bajón a lo bestia.


Nadal ha ganado el torneo francés de tenis. Cuando su oponente erró el último tiro, nuestro bravo tenista se tumbó en la rojiza tierra batida francesa y simuló un leve ataque epiléptico. Nada nuevo. El joven tenista hizo lo que se espera de un joven tenista ganador de semejante partido, luego habló de los agradecimientos como cualquiera otro y en fin, que nos dio la sensación que todo estaba en su sitio.